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Franquismo

El Final del Franquismo

<u><b>El Final del Franquismo</b></u>

El Príncipe Juan, delante de los restos del General Francisco Franco

     Franco volvió a reafirmarse en sus posturas inalterables. Esto se puso de manifiesto en la elección del nuevo jefe de gobierno, cargo que recayó en Arias Navarro. De nuevo, había optado por una solución de autoritarismo y continuismo, defraudando cualquier esperanza de apertura.

     Dos problemas tuvo que afrontar inmediatamente Arias: el orden público y la crisis económica, que se había abatido sobre el mundo capitalista a partir de 1973. A ello se añadía la sucesión de Franco, que se veía próxima, y la posible reforma del Régimen. En este último aspecto, el jefe del gobierno osciló, durante los dos años que gobernó, entre avances hacia el aperturismo y retrocesos al autoritarismo, con lo que consiguió no satisfacer a nadie.

     Las primeras actuaciones del nuevo gobierno fueron una sorpresa. Cuando, despues de la muerte de Carrero, se esperaba una política de dureza, se anunció la promesa de la liberalización en un plazo breve de tiempo; fue entonces lo que denominó "el espiritu del 12 de febrero", fecha del anuncio de esta novedad. Este echo fue muy bien recibido por la opinión públicay la prensa, mucho más libre gracias al nuevo ministro de Información, Pío Cabanillas. La información ganó en veracidad y dejó de ser mero eco de las opiniones gubernamentales; opiniones de la oposición democrática clandestina comenzaron a aparecer en periódicos y revistas. Estos signos se acompañaron de una cierta tolerancia cultural: la férrea censura fue debilitándose. La oposición, exceptuandoel Partido Comunista, fue tolerada, aunque no legalizada.

     Pero estos hechos alentadores se vieron desmentidos por otros dos de signo contrario. En febrero de 1974 estalló el denominado "caso Añoveros". Monseñor Añoveros, obispo de Bilbao, había publicado una pastoral en defensa del uso del vasco, por lo que fue arrestado por la policía en su domicilio. El Episcopado español y el Vaticano apoyaron al prelado vasco e incluso se rumoreó que el Papa, Pablo VI, preparó la excomunión de Franco si Añoveros era expulsado de España, posibilidad que estudió el gobierno. Este tuvo que rectificar poniéndolo en libertad, despues de haber empeorado las deterioradas relaciones con la Iglesia. Al mes siguiente otro suceso se sumó al despretigio de Arias: la ejecución del anarquista Salvador Puig Antich. La reacción, en toda Europa, fue repulsada por la no conmutación de la pena de muerte.

     Las esperanzas depositasas en el nuevo gobierno se desmoronaron con estos dos acontesimientos. La situación se complicó durante el verano de 1974 a causa del agravamiento de la salud de Franco. Una tromboflebitis puso en peligro la vida del Caudillo. Ante ello, se promulgó el decreto por el que el príncipe Juan Carlos asumía las funciones de jefe de Estado. Sin embargo, quedaba la incertidumbre de si esta cesión sería permanente o temporal. Recuperado a las pocas semanas, Franco reasumió sus poderes en medio de la sorpresa general.

     La incertidumbre del gobierno era clara, a la vista de un desenlace que no podía tardar. El Régimen se desintegraba, la oposición democrática actuaba cada vez más abiertamente. El cese del ministro Cabanillas por presiones de la ultraderecha, debido a su tolerancia con la prensa, fue contestado con las dimisiones solidarioas de un ministro y varios altos cargos de la administración, hecho insólito en la historia del franquismo. La crisis económica había aparecido ya claramente con el consiguiente aumento del malestar laboral. El terrorismo alcanzó la mayor virulencia de la historia del Régimen.

     Don Juan de Borbón hizo unas declaraciones contrarias a Franco, por lo que se le prohibio la entrada en España. Y en julio de 1975 nueve militares fueron detenidos por pertenecer a la Unión Militar Democrática (UMD), asociación de oficiales partidarios de la democracia.

     En agosto de 1975 se promulgó una nueva ley antiterrorista que ampliaba la posible aplicación de la pena de muerte. Al mes ya se habían dictado once penas de muerte en varios consejos de guerra. El Franquismo se volvía a enfrentar con la misma situación que en el Proceso de Burgos de 1970. Si aplicaba las sentencias se ganaría la repulsa interna y externa. Pero en esta ocasión creyó conveniente realizar un castigo ejemplar: cinco de los condenados (dos de ETA y tres del FRAP) fueron fusilados el 27 de septiembre, a pesar de las peticiones de clemencia del Papa, los obispos españoles y varios gobiernos extranjeros. Las manifestaciones se multiplicaron en todo el mundo, y el boicot contra España se extendió a todo tipo de actividades: económicas, culturales, etc.

     En octubre, el dictador volvió a recaer en su enfermedad y después de una larga agonía falleció el 20 de noviembre de 1975. Su testamento político fue su último escrito. Refleja de nuevo sus ideales: catolicismo, patriotismo a la manera como él lo entendía, autoritarismo, falta de comprensión ante las ideas de democracia y libertad, e identificación plena entre España y él. Con él acabó la dictadura más larga de la historia contemporánea de España.

La División Interna del Régimen

<u><b>La División Interna del Régimen</b></u>

Atentado a Carrero Blanco 

     Mientras tanto, algunos intentos de apertura moderada del Régimen hacia formas de mayor libertad política, chocaron con la intransigencia del sector más conservador. Antiguos colaboradores del franquismo lo abandonaron ante la falta de futuro de un sistema incapaz de evolucionar al mismo ritmo que la sociedad.

      En los primeros años de la década de los setenta, el gobierno actuó ferreamente: las condenas por los delitos de orden público aumentaron; la prensa vio cercanas sus tímidad críticas con multas y cierres. Pero los mismos ministros estaban divididos. Unos, encabezados por Carrero Blanco, criticaban cualquier tipo de aperturismo; otros, entre ellos el responsable de órden público, el general Garicano Goñi, se manifestaban partidarios de la liberalización consistente en aceptar lo que entonces se denominaron "asociaciones políticas", especie de partidos políticos restringidos.

     En las Cortes, los procuradores "ultras" lanzaron agrias críticas contra los países socialistas de Europa oriental, o el proyecto de Ley de objeción de conciencia. Los partidos del Régimen se lanzaron a la calle, desde 1971, con manifestaciones de adhesión al Caudillo y a la policia, asaltos a ciertas librerías, etc.

     En medio de esta división de sus partidos, Franco siguió apoyando las posturas de mayor cerrazón. En 1972 volvió a insistir en las esencias del Régimen: rechazo de los partidos políticos, reino católico y afirmación de que toda acción política debía realizarse dentro del Movimiento Nacional. Estas posturas se reforzaron con el gobierno de junio de 1973 Carrero Blanco fue asesinado en Madrid por un comando de ETA. El golpe, espectacular en sí mismo, por cuanto significaba de eliminación de la segunda figura del Régimen, fue mucho más importante por sus repercusiones posteriores. Desaparecía el personaje clave de la continuidad del franquismo.

     El entierro fue una manifestación de la ultraderecha, que pedía la ocupación del poder por el ejército, lo que no dejaba de ser un contrasentido, teniendo en cuenta la profesión de Franco y de Carrero y la abundancia de militares en altos cargos. La sensación general era que el franquismo estaba acabado, cuando tan sólo podía apoyarse ya en un anciano de 80 años.

     La situación era insostenible y contradictoria. El Régimen se declaraba oficialmente católico, pero era condenado por la Iglesia, y sus partidarios pedían a gritos la ejecución de obispos; las huelgas continuaban prohibidas, lo que no impedía que se multiplicaran; los partidos políticos y el liberalismo eran denostados, pero el Régimen buscaba salidas seudodemocráticas para salvar su imagen.

La lenta Agonía del Franquismo
(1969-1975)

     La principal preocupación del Régimen en sus últimos años fue preparar el camino hacia la continuidad después de la muerte del Caudillo. Pero en ello tropezó con la acción de la oposición democrática, cada vez más poderosa.fue un quinquenio de constantes movilizaciones a favor de la democracia. Ante ellas, el Régimen sólo supo adoptar una postura de dureza. Las huelgas obreras se multiplicaron. La Iglesia manifestó con claridad su distanciamiento progresivo: en 1971 la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes aprobó una resolución por la que la Iglesia solicitaba el perdón por no haber sido un elemento de reconciliación en la Guerra Civil; en 1973, los obispos solicitaron la revisión del Concordato de 1953. Uno de los pilares del Régimen, se distanciaba ostensiblemente.

     La actividad de ETA en el País Vasco se recrudeció, al tiempo que se formó el FRAP (Frente Popular Antifascista y Patriótico), partidario igualmente de la acción armada contra la dictadura. En diciembre de 1970 se celebró en Burgos un consejo de guerra contra diversos miembros de ETA, para los que se solicitaba, entre otras, seis penas de muerte. El gobierno quiso así dar muestra de firmeza. Pero los resultados fueron especialmente negativos para él. La Asamblea Plenaria del Episcopado pidió clemencia. El País Vasco conoció una movilización general: huelgas, manifestaciones, asambleas, etc.

     Las acciones de protesta se extendieron a toda España. La respuesta del Régimen fue la declaración del estado de excepción y la organización de otra gran manifestación de apoyo a Franco. El Proceso de Burgos concluyó con la promulgación de seis penas de muerte, que fueron conmutadas.

Artículo de Periódico

 

ESPAÑA

POR UNANIMIDAD
El Consejo de Europa condena las violaciones en derechos humanos del franquismo
Pide que el 18 de julio de 2006 sea el "día oficial de condena de la dictadura"
 
 
 

 

El Comité de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) ha aprobado por unanimidad en París una propuesta de condena internacional de las "graves y múltiples violaciones de Derechos Humanos cometidas en España por el régimen franquista, entre 1939 y 1975".
El texto, elaborado por el socialista maltés Leo Brincat, pide al Comité de Ministros de esta misma institución que ratifique el texto y asuma la condena "a nivel internacional". También propone que se decrete el 18 de julio de 2006 como "día oficial de condena de la dictadura franquista". No existe fecha definida para que el Comité de Ministros vote la proposición, aunque podría tener lugar "antes de la sesión plenaria de junio".
La recomendación adoptada anima a las autoridades locales "a erigir monumentos en memoria de las víctimas del régimen franquista en la capital española y en otras grandes ciudades del país" y señala que "las iniciativas destinadas a retirar los símbolos de la dictadura de los lugares públicos (...) han sido coronadas con éxito".
El Comité propone al Gobierno español que ponga en marcha "una comisión nacional de investigación sobre las violaciones de Derechos Humanos cometidas bajo el régimen franquista" para conseguir establecer "la verdad sobre la represión". Brincat insta al Ejecutivo a presentar el informe, con posterioridad, al Consejo de Europa.
Exposición permanente en el Valle de los Caídos
Asimismo, el texto recomienda que se instale "una exposición permanente en la basílica subterránea del Valle de los Caídos, en la provincia de Madrid -donde el general Franco está enterrado-", y que explique "que fue construida por prisioneros republicanos".
La propuesta afirma que el debate público sobre los crímenes del franquismo comenzó en los años ochenta, pero "se ha intensificado de hecho con la administración actual" en un intento por "establecer un inventario completo sobre los crímenes de la dictadura de Franco".
El extenso informe adjunto elaborado por Brincat, que sirvió de base a la recomendación aprobada unánimemente por el Comité, denuncia que Franco llevó a cabo "una política de represión contra cualquier individuo suceptible, según él, de constituir una amenaza para el nuevo régimen". Como consecuencia de ello, "miles de republicanos fueron ejecutados sumariamente o enviados a prisiones, y otros muchos fueron sometidos a diversas formas de sanciones políticas o económicas".
"Franco no sólo ejerció represalias muy duras contra sus oponentes, sino que también creó un sistema político que negaba a la mayoría de los españoles el ejercicio de las libertades y derechos individuales", añade.
El informe reconoce que el número total de víctimas sigue siendo controvertido. "En los inicios de la guerra, más de 50.000 personas se encontraron en el ’lado malo’ de la línea de frente y fueron asesinados o ejecutados sumariamente", señala. "Las cifras son probablemente comparables en las dos líneas de frente", añade. "Inmediatamente después del final de los combates militares, el régimen franquista impuso la ley marcial en toda España", mediante un "sistema de justicia militar expeditiva para juzgar a sus ’oponentes’, término que abarcaba a cualquier persona que hubiera servido voluntariametne en el Ejército republicano o que hubiera expresado su apoyo a la República".
"Campos de concentración "
El texto afirma que en los años cuarenta, los presos políticos fueron "extremadamente numerosos en España" y asegura que las propias cifras oficiales del régimen ("que los historiadores consideran por lo general infravaloradas") hablan de 300.000 presos para una población de 25,9 millones de habitantes. En 1940, "la tasa de encarcelamiento en España era casi tan elevada como la de la Alemania nazi", asegura el informe.
El informe habla también sobre los "campos de concentración y batallones de trabajo forzado", en los que "miles de personas, incluidos mujeres y niños, fueron ’reeducados’", y cita un informe de 1953 de la Comisión Internacional contra el Régimen de Concentración en el que, tras una visita a España, denuncia "malos tratos físicos y psicológicos" contra los presos.

La Oposición se Organiza

<u><b>La Oposición se Organiza</b></u>      El desarrollo propició el bienestar de la matoría de la sociedad en los últimos años del franquismo. Pero al mismo tiempo surgió una conflictividad múltiple. La universidad española vivió en permanente protesta desde 1964, denunciando la carencia de legitimidad democrática del franquismo, a la que éste respondió con la represión policial y judicial. Las huelgas obreras, prohibidas y duramente reprimidas, se hicieron cotidianas. Por último, el nacionalismo, especialmente perseguido duante toda la dictadura, emergió de nuevo, en especial en el País Vasco. En 1959 se creó ETA, cuya acción terrorista se multiplicó rápidamente. Sectores importantes de la Iglesia Católica manifestaron su disconformidad con la falta de libertades. La relevancia de la oposición democrática se puso de manifiesto en la reunión que tuvo lugar en Munich (República Federal Alemana) en 1962 entre personalidades de la oposición del interior y del exilio. Demócratas-cristianos, socialistas, nacionalistas, republicanos y monárquicos liberales, condenaron el franquismo. Este reaccionó violentamente montando una campaña de despretigio y de injurias contra los participantes desde la prensa, monopolizada por el égimen, y recurrió a las tradicionales manifestaciones de apoyo a Franco.     Todos estos conflictos ponían de manifiesto el fracaso del Régimen. Algunos sectores de la sociedad española reclamaban un cambio hacia formas más libres y democráticas.

     El Régimen, incapaz de aceptar este echo, respondió con la represión: creación de tribunales especiales para delitos políticos (el Tribunal de Orden P´blico), duras condenas, numerosos cierres de las universidades, y la declaración de estados de excepción. El progreso no se acompañaba de la liberalización política.

     A pesar de los años transcurridos, el sistema político del franquismo continuaba incompleto. Con esta finalidad se aprobó en 1966 la Ley Orgánica del Estado. Esta ley calificaba al régimen político español como una democracia orgánica, en la que la representación popular no la ejercian los individuos sino los "órganos" (familia, municipio y sindicato). Realmente era una parodia de democracia, a pesar de que se incorporaron a las Cortes un centenar de representantes de la familia con carácter electivo, pero con enormes dificultades para discrepar. Además, cualquier ley que aprobaran las cortes no podía contravenir los Principios del Movimiento Nacional. La Ley Orgánica del Estado identificaba por completo éste con el partido único (el Movimiento Nacional).

     Quedaba pendiente un tema de singular importancia: La suceción de Franco, que se acercaba ya a los 70 años. Había que decidir quién sería el Rey que asumiera la nueva monarquía, heredera del franquismo y sus principios. Franco había descartado a Don Juan de Borbón por su postura democrática, lo que le hizo inclinarse, a partir de 1960, hacia el príncipe Juan Carlos, hijo de Don Juan. La designación tuvo que esperar hasta 1969, cuando el General tenía 76 años. Este echo marca el inicio de la etapa final y del declive de la dictadura. Los franquistas se dividieron entre los defensores del inmovilismo a ultranza, los "ultras", y los que preconizaban tímidas transformaciones para adecuar el Régimen a las nuevas realidades. En este enfrentamiento acabó imponiéndose el sector más conservador. Franco defendió hasta el final la idea de que lo esencial del Régimen debía permanecer inalterable incluso despues de su muerte.

     En 1969 se intridujo una novedad importante en el funcionamiento del sistema: Franco delegó la jefatura del gobierno, lo que significaba el inicio de la cesión de poderes o la constatación de su acelerado envejecimiento. La elección de las personas que ocuparon este puesto no dejó lugar a dudas sobre sus inclinaciones continuitistas. El almirante Carrero Blanco, un hombre duro y de fidelidad probada desde 1940, fue nombrado vicepresidente del gobierno en 1969, y presidente en 1973.

     Un hecho, ocurrido tambien en 1969, contribuyó al deterioro del Régimen. Diversas personalidades vinculadas al Opu Dei se vieron implicadas en un escándalo financiero, a resultas del cual fueron detenidas y procesadas. Fue el denominado "Caso Matesa". Dos ministros, miembros del Opus Dei, estaban gravemente implicado. Era un caso evidente de corrución. Franco reaccionó ignorando el tema. Pero éste hizo correr ríos de tinta en la prensa, sobre todo en la oficial del Movimiento, ya que una parte del gobierno vio la ocasión para despretigiar al Opus Dei. La solución del dictador fue salomónica: los ministros implicados en el escándalo y los que lo habían propagado dejaron el gobierno.

El Desarrollismo

Saldos migratorios en España (1961-70)      Producto Nacional Bruto

Madrid

 +686.544

Barcelona
 +650.568

Badajoz

 -233.984
Jaén

 -184.175
Córdoba

 -178.179
Valencia
 +172.439

Granada

 -157.015
Vizcaya
 +148.768

Cáceres

 -144.181
C. Real

 -142.026
Alicante
 +105.630

Sevilla

 -101.095
Guipúzcoa
 +64.885

Álava
 +42.537

                                  1935         100
                                  1940        79,6
                                  1945        70,6
                                  1950        85,3
                                  1955        111,0
                                  1960        132,8
                                  1965        198,1
                                  1970        253,6
                             Producto Industrial
                                1935        100
                                1940        101
                                1945        95,4
                                1950        118,3
                                1955        171,8
                                1960        264,6 

                                1965        396,9    

                                1970        549,3
 

      

 

 

(Continua de lo anterior)

     Pero lo más importante fue que gran parte de la población accedió a cotas notables de bienestar. La modernización de la economía supuso un cambio que modificó en pocos años la realidad social española. Las transformaciones en la agricultura produjeron la drástica reducción de la mano de obra del sector primario, y posibilitaron la mejora del nivel de vida de la población campesina; no obstante, las diferencias con la población urbana se mantuvieron. La expansión industrial condujo a un aumento importante de la clase obrera, y al incremento de los obreros cualificados, propios de una industria más moderna. Por último, las clases medias urbanas (personal técnico, administrativo, comercial, funcionarios, etc.) creciron en estos años.

     El aumento de la renta, supuso la mejora del nivel de vida de una parte importante de los españoles. Este echo supuso la incorporación de un amplio sector de la población a la sociedad de consumo, puesta de manifiesto en la adquisición de bienes que, hasta el momento, sólo estaban al alcance de una minoría: frigorífico, lavadora, televisor, automóvil, etc.

     El país fue cambiando aceleradamente de la mano del desarrollo económico; las formas de vida y las costumbres se fueron asemejando a las europeas, tanto por el mayor poder adquisitivo de la población, como por el contacto con el exterior a través del turismo y de la emigración. La tolerancia y la permisividad moral, la evolución de los planteamientos religiosos tradicionales, se impusieron al conservadurismo oficial, al que desagradaban profundamente los cambios en el comportamiento de los españoles.

     El desarrollismo se comvirtió en la nueva retórica del franquismo. El Crecimiento económico y el bienestar fueron las nuevas bazas de la propaganda oficial, que pretendía legitimar al Régimen. Pero esta política económica y el desarrollo tuvieron notable lagunas: la inflación se hizo endémica; la evolución económica era irregular, con periodos de estancamiento; la agricultura perdió rápidamente importancia; el desarrollo fue muy desigual y concentrado en determinadas zonas; el crecimiento de las ciudades salió vencedora, con unos barrios periféricos hacinados y faltos de infraestructura y servicios, y unas condiciones de habitabilidad muy deficientes; el desarrollismo no tuvo ningún interés en la ecología, permitiendo desastres irreparables en la costa, con las masas de edificaciones, o en el campo, con la construcción indiscriminada de industrias o viviendas.

El desarrollo Económico

         Benidorm en la actualidad. Notese, como ha ido cambiando desde el Boom turístico de los años 70

 

       El éxito del Plan de Estabilización fue enorme. A partir del mismo, España conoció una radical transformación económica y social. se produjo un rápido proceso de industrialización. Pero estos cambios no fueron acompañados de las correspondientes innovaciones políticas.

     Este proceso de industrialización fue paralelo al que se estaba dando en toda Europa occidental, de donde procedían las grandes inversiones de capitales, asi como la tecnología, que permitieron el despegue industrial.

     Los resultados más palpables del desarrollo económico se produjeron en la industria, que creció con rapidez (aproximadamente, el 10 por ciento anual). Las inversiones extranjeras, que buscaban un mercado nuevo al tiempo que se beneficiaban de los bajos salarios, y la escasa conflictividad laboral fueron importantes. Ello dio lugar a una demanda creciente de mano de obra, que originó un gigantesco éxodo rural, despoblando la España rural en beneficio de la urbana.

     La agricultura, sector especialmente atrasado, sufrió de forma contradictoria los efectos del progreso industrial. Por un lado, la emigración privó de la abundante mano de obra, lo que encareció los salarios; jornaleros y pequelos propietarios abandonaron en masa el campo, camino de las ciudades o del extranjero. Por otro lado, e a remolque de los otros sectores, la agricultura tambien se modernizó: la mecanización, las mejoras tecnológicas (insecticidas, especialización en las cosechas, abonos químicos, etc.) permitieron el crecimiento de la producción.

     La organización de la economía fue llevada a cabo por el grupo de ministros tecnócratas del Opus Dei, que elaboraron un programa planificado para coordinar el desarrollo: fueron los llamados Planes Cuatrienales de Desarrollo.

     El primer Plan de Desarrollo Económico y Social, duró desde 1964 a 1967, y fue seguido de dos más, que se aplicaron hasta 1975. Los planes hicieron hincapié, fundamentalmente, en el sector industrial, que se consideraba básico para el crecimiento económico. Para ello se intentó mejorar la estructura de las empresas, incrementando sus dimensiones y producciones, e incidir  en la localización industrial, tratando así de disminuir los desequilibrios regionales. Se crearon los llamados Polos del Desarrollo, situados en zonas atrasadas, favoreciendo la instalación de nuevas industrias, atraídas por las facilidades económicas otorgadas por el Gobierno.

     La dinamización económica se debió, más que a la planificación gubernamental, a la muy favorable coyuntura económica internacional. Esta permitió a los empresarios cosechar grandes beneficios y una ampliación constante de sus industrias.

     Este periodo fue de excepcional crecimiento económico. España, que en 1960 era, junto con Portugal, el país más pobre de Europa, dejo de ser un país subdesarrollado a finales de esta década. Los signos de este cambio eran evidentes. La población activa agraria, que en el censo de 1960 todavía era del 42 por 100, descendió rápidamente, y en 1970 era del 25 por 100. Tal disminución se debió a que centenares de miles de campesinos abandonaron su trabajo en el campo, trasladándose a la industria, la construcción y los servicios, en las aras urbanas. Otro grupo numeroso se vio obligado a emigrar a los países de Europa occidental, que atravesaban por una época de gran expansión económica y necesitaban abundante mano de obra. Aproximadamente un millón de españoles se asentó en estos países (Francia, República Federal Alemana, Suiza, Bélgica...). De esta manera se pudo solucionar el excedente de mano de obra. Por otra parte, las divisas que los emigrantes enviaban ayudaron considerablemente a compensar el déficit comercial exterior.

     Otra importante fuente de ingreso de divisas fue el fuerte impulso que experimentó el turismo extranjero. Determinadas zonas de la Costa se combirtieron en lugar barato de veraneo para alemanes, franceses e ingleses. Esta actividad sepuso una expansión importante de las industrias complementarias (construcción y servicios) y, junto con las divisas procedentes de los emigrantes, la posibilidad de equilibrar la balanza comercial española. De todas formas, la expansión de la llamada industria turística se realizó, en muchos casos, con iniciativas especuladoras que no tuvieron en cuenta la preservación de los bellos espacios naturales y la calidad de las instalaciones.

     Otro aspecto que ilustra el proceso de cambios ocurridos fue el rápido crecimiento urbano y la concentración de la población en las zonas industriales. Así, los habitantes de las grandes ciudades pasaron del 28 al 50 por 100 de la población española.

Documento sobre la Censura

   -  He aquí algunas escenas de película censuradas:

"Un día en Nueva York". Norteamericana, 1951.

Rollo 3º El beso en el museo que queda en el intento.

Rollo 10º Algunos planos de baile de las dos chicas, una de las cuales enseña excesivamente el muslo.

"La túnica Sagrada". Norteamericana, 1954

Rollo 4º Sustituir la frase:"El discipulo que se sentaba a su izquierda", por "El discipulo que se sentaba a su mesa"

Rollo 12º y 13º Aligerar notablemente el beso entre Marcelo y Diana en las catacumbas.

"Muerte de un ciclista". Española, 1955

Rollos 6º y 7º No deben aparecer los guardias de la fuerza pública en la protesta estudiantil.

(De Teodoro Gonzales Ballesteros: "Aspectos jurídicos de la censura cinematográfica en España", Universidad Complutense de Madrid, 1981).

Documento

     Consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, en presencia de las Cortes del Reino, promulgo como principios del Movimiento Nacional, entendido como comunión de los españoles en los ideales que dieron vida a la Cruzada, los siguientes:

I

España es una unidad de destino en lo universal. El servicio a la unidad, grandeza y libertad de la patria es deber sagrado y tarea colectiva de todos los españoles.

II

La nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación.

VII

Su forma política es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuanto determinan la Ley de Sucesión y demás Leyes Fundamentales, la Monarquía tradicional, social y representativa.

VIII

La participación del pueblo en las tareas legislativas y en las demás funciones de interés general se llevará a cabo a través de la familia, el municipio, el sindicato y demás entidades con representación orgánica que a este fin reconozcan las leyes.

(Ley de Principios del Movimiento Nacional, 1958)

Los Primeros Pasos de la Oposición

<u><b>Los Primeros Pasos de la Oposición</b></u>

     Lo más destacado en la política interior fue el surgimiento de una nueva oposición. Eliminada ésta de forma radical en 1939, durante los años 40 se había manifestado en las acciones aisladas que "el maquis" (guerrillas comunistas, anarquistas y socialistas) llevó en algunas zonas montañosas del país. El Maquis duró hasta 1950, aproximadamente, según las zonas. A medida que se evidenciaba la consolidación del franquismo, la desesperanza cundió en sus filas y sus miembros fueron abatidos o huyeron al extranjero. Sólo el Partido Comunista inició una penosa reorganización en el interior. Mientras, las direcciones de los restantes partidos y sindicatos antifranquistas se veían obligados a operar desde el extranjero. Las acciones y la influencia de estos grupos eran muy limitadas, por el riesgo que corrían sus militantes. Así y todo, se produjeron las primeras acciones desde la guerra: la huelga de tranvias de Barcelona en 1951, las primeras huelgas en Asturias, etc. De todas ellas, la acción más significativa fue la protesta en la Universidad de Madrid de 1956. La reacción fue dura: Cierre de la Universidad, detenciones, estado de excepción en todo el país, que permitía a la policía cualquier tipo de medidas especiales. Pero la consecuencia más importante de estos hechos fue la aparición de una nueva oposición al franquismo desde el interior del país, diferente de la heredada de la Guerra Civil, que desde el exilio, se alejaba, cada vez más, de la realidad española.

     En el gobierno nombrado en 1957 hubo dos figuras que serían fundamentales en los años siguientes: el Almirante Carrero Blanco -íntimo colaborador de Franco desde 1940- y el miembro del Opus Dei, Laureano López Rodó. Falange perdía asi fuerza en el gobierno y en las instituciones. Ambos personajes presentaron a Franco el proyecto político del Régimen de cara al futuro: La monarquía tradicional y la sucesiónen la persona del príncipe Juan Carlos. Franco tardaría aún doce años en aplicar este plan. Lo que si hizo rapidamente fue promulgar la Ley de Principios del Movimiento Nacional, el 17 de mayo de 1958, que volvía a definirel Régimen como una monarquíacatólica, fiel a los principios vencedores en la Guerra Civil y contrario a la democracia de tipo occidental: con ello pretendía resumir las normas y valores inmutable, síntesis de los principios del franquismo. No obstante, eraevidente la pérdida de fuerza e importancia de los principios falangistas.

     Este nuevo gobierno tenía como misión reorientar la economía española. De ello se encargaron los ministerios técnicos (ocupados por los llamados "tecnócratas", miembros de la asociación católica del Opus Dei), a través del citado Plan de Estabilización de 1959, que iniciaba la época de crecimiento económico de los años sesenta. El Plan de Estabilización debía iniciar la nueva política económica. Pretendía basicamente sanear, liberalizar y racionalizar la economía española.

 

 

 

     La primera medida importante fue devaluar la peseta de 42 a 60 pesetas por dólar; se recibieron créditos de otros países; disminuyeron las trabas al comercio exterior, así como a las inversiones procedentes del extrenjero. Los efectos fueron inmediatos, el capital exterior acudió a España, la balanza de pagos fue favorable, la inflación se redujo y el turismo inició su llegada masiva. Pero tuvo su lado negativo: la actividad económica se redujo, así como el consumo y la inversión, lo que provocó un aumento del paro; los salarios quedaron congelados durante cuatro años y comenzó la emigración a Europa.

El Final del Aislamiento Exterior
(1953 - 1959)

<center><u><b>El Final del Aislamiento Exterior</u></center>     <center>(1953 - 1959)</center></b>

Firma del Concordato , el 27 de Agosto de 1953

 

     Una nueva coyuntura internacional, vino a favorecer al régimen franquista. Desde finales de la década de los años cuarenta, las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética, se habína deteriorado sensiblemente, acabando en la llamada "Guerra Fría". En su enfrentamiento con los soviéticos, los Estados Unidos tuvieron que anteponer las razones estratégicas a las de índole política. El anticomunismo se combirtió en la ideología dominante en todo el mundo occidental. Fruto de esta situación fue la creación, en 1949, de la Organización del Tratado de del Atlántico Norte (OTAN), contestada, en 1955, con la formaciñon del Pacto de Varsovia. El mundo se dividió en dos bloques contrapuestos. En esta nueva situación, la España franquista, encontró el resquicio para normalizar sus relaciones internacionales. En este momento de exaltación del anticomunismo, Franco podía presentarse como un adelantado de esta posición. Y España podía ser útil en la estrategia militar contra la Unión Soviética.

     A partir de 1950, los Estados Unidos comenzaron el acercamiento a España. Los embajadores extranjeros regresaron a Madrid, poniendo fin al "boicot" internacional. En 1951 se firmaron los primeros pactos económicos, que supusieron la llegada de créditos extranjeros.

     El gran año de los éxitos internacionales del franquismo fue 1953. Dos hechos lo corroboraron: El Concordato de la Santa Fe y los acuerdos con los Estados Unidos. El primero dio forma a las peculiares relaciones existentes entre el Vaticano y el Estado Español. No en balde, éste se definía surgido de una cruzada por Diosy por España contra sus enemigos. Igualmente se definía, en sus principales normas, como un reino católico, cuya legislación se decía inspirada en la doctrina de la Iglesia. Franco había dejado en manos de ésta la enseñanza, el control de las costumbres y la censura. El Concordato hacía grandes concesiones a la Iglesia, y a cambio, Franco obtenía un gran éxito diplomático frente al aislamiento que padecía.

     Los acuerdos con los Estados Unidos, tenían mayor importancia. A cambio de la cesión de bases militares, España obtenía ayuda económica. Pero lo fundamental era que, de esta manera, se rompía el aislamiento y se incorporaba oficialmente al undo occidental. Los Estados Unidos retardaron al ingreso de España en los organismos internacionales, culminando con la entrada en la ONU en 1955.

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     1952 y 1953 fueron años triunfales para el franquismo. Después de los duros años anteriores, las fronteras exteriores se abrieron; en mayo de 1953 comenzaron a funcionar, de modo permanente, los puestos fronterizos de la Junquera y Port Bou. No sólo fueron el Concordato con la Santa Sede o el pacto militar y económico con los Estados Unidos, que proporcionaron a España un crédito de 226 millones de dolares en concepto de ayuda militar; también se produjeron, en estos años, otros hechos de gran importancia para la consolidación del Régimen: en 1953 se había conseguido entrar en la UNESCO, la agencia de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, y se había celebrado el congreso eucarístico, que había movilizado ingentes masas alrededor de los actos religiosos presididos por Franco.

 

 

     En el terreno político interno, se llevó a cabo el primer congreso de Falange, que reunió en Madrid a más de 100.000 falangistas para demostración de la solidez del Régimen.

 

 

     La ayuda prestada por los Estados Unidos a España, es narrada en clave de humor en 1952 por Luis García Berlanga, en su película "Bienvenido Mr. Marshall".

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Canción de la película Bienvenido Mr. Marshall:

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La Autarquía

<u><b>La Autarquía</b></u>

    

     En el terreno económico, España atravesó durante estos años por un periodo de miseria y de atraso, que amplió las diferencias existentes con los países de Europa occidental al quedar España marginada del Plan Marshall, es decir, de la ayuda de los Estados Unidos para la reconstrucción de la economía europea. La nueva política económica se caractrizó por la autarquía y el estatalismo, en consonancia con los regímenes homólogos de la Alemania nazi y de la Italia fascista. Autarquía, porque Franco deseaba aumentar la producción de la economía española y reducir las importaciones para crear empleo. Estatalismo, en cuanto que sectores económicos importantes pasaron a manos del Estado: los ferrocarriles -con la creación de RENFE en 1940-, la comercialización del trigo, alimento básico en la época, el control de los precios de los artículos de consumo y, finalmente, la creación, en 1941, del Instituto Nacional de Industria (I.N.I.) que debería, obviamente, potenciar el crecimiento industrial.

     Pero todas estas medidas se manifestaron claramente ineficaces. La política agraria fue un desastre, a lo que se unió la catastrófica sequía de 1946: los rendimientos agrícolas bajaron respecto al periodo republicano y las cosechas fueron insuficientes. Esto hizo que los alimentos básicos estuviesen racionados, situación que perduró hasta 1951 y que dio origen al mercado negro, el famoso "estraperlo". Hasta 1950, la producción industrial no superó las cifras de 1935. La falta de capital y de tecnología dio lugar a una industria atrasada y limitada, lo que no impedía los grandes beneficios empresariales a causa de los bajos salarios. La consecuencia de esta precaria situación, que duró más de un decenio, fue que la renta per cápita española, como ya se ha mencionado, no alcanzó el nivel de 1935 hasta 1952.

La Política Interior

<u><b>La Política Interior</b></u>

    

     El Periodo que va de 1939 a 1953 se basó en el desmantelamiento de la obra de la Segunda República. Se estableció un rígido control policial e ideológico sobre la población, al tiempo que se reprimía cualquier manifestación, pública o privada, de crítica al régimen franquista o de apoyo a un sistema democrático. La Falange se convirtió en el partido todopoderoso, que controlaba la vida política del país, bien directamente, bien a través de sus sindicatos o de la Sección Femenina. La prensa y la radio quedaron en sus manos, convirtiéndose en los instrumentos de una campaña de autopropaganda.

     Al mismo tiempo, se llevó a cabo una progresiva concentración del poder: en 1939, Franco concentraba en su persona la jefatura del Estado, la jefatura del Gobierno, la del partido único (Falange Española Tradicionalista y de las JONS), la de las Fuerzas Armadas, y el poder legislativo. Tal concentración de poder y capacidad decisoria, evidenciaban el carácter personal de la dictadura que comenzaba.

     Los primeros años fueron de una represión especialmente dura sobre los vencidos. En 1940 permanecían en las cárceles unos 300.000 presos políticos. Las universidades, la enseñanza, la administración pública, e incluso las grandes empresas privadas, fueron depuradas de las personas sospechosas de haber sido adictas a la República o a los partidos y sindicatos obreros. Las ejecuciones fueron muy numerosas (unas 30.000 según las estimaciones más bajas). Todas estas medidas erradicaron cualquier intento de oposición.

     Logicamente, la Constitución republicana de 1931 fue abolida, así como todas las libertades y garantías individuales. Los partidos políticos y los sindicatos fueron prohibidos, creandose en su lugar el partido único (FET y JONS) y un único sindicato, Central Nacional Sindicalista (CNS) que englobava a patronos y obreros. Los Estatutos de Autonomía de Cataluña y el País Vasco fueron suprimidos, dando paso a un Estado férreamente centralista.

     A partir de 1942 comensaron a elaborarse las bases legales del franquismo. En este año se constituyeron las Cortes Españolas, formadas por altos cargos de Falange, dirigentes de la organización sindical, alcaldes, etc., pero, en ningún caso, sus miembros eran elegidos por los ciudadanos, y además, Franco seguía teniendo potestad para dictar leyes. En 1945 se promulgaron el Fuero de los Españoles y la Ley de Referéndum Nacional, y en 1947 el Fuero del Trabajo. La más importante fue la Ley de Sucesión, que se promulgó en diciembre de 1947, en la que se determinaba que España era un reino, lo que significaba el retorno de la monarquía; pero, al mismo tiempo, realzaba el carácter vitalicio de la jefatura de Franco quien, además, tenía la potestad de elegir la persona que le sucedería, bien como rey, bien como regente. Se trataba, por tanto, de una "nueva monarquía", nacida del "Alzamiento nacional" del 18 de julio de 1936 y no de la restauración de la monarquía anterior.

     Las relaciones con los monárquicos habían conocido en 1942 un primer coflicto político. Estos, en su mayoría, habían apoyado la sublevación durante la guerra civil -esperando que, con la victoria, fuera restaurada la monarquía- y se mostraron desencantados ante la evidencia de que Franco no pensaba abandonar el poder. Don Juan de Borbón, heredero de la Corona tras la muerte de Alfonso XIII en Roma en 1941, manifestó su inclinación conciliadora y aperturista hacia todos los españoles, lo que resultó inaceptable para el Caudillo. La ley de sucesión fue rechazada por Don Juan de Borbón quien, no obstante, en 1948 llegaría a un acuerdo con Franco, or el que el príncipe Juan Carlos de Borbón -primogénito varón de Don Juan-, estudiaría en España.

     La nueva realidad olítica del franquismo, establecida firmemente entre 1939 y 1947, suponía una mezcla de las ideas fascistas de la Falange y del conservadurismo tradicional (nacional - catolicismo). Los puestos de responsabilidad fueron ocupados por representantes de las tres instituciones victoriosas: militares, falangistas y católicos. Estos últimos, además de formar gobierno en 1946, consiguieron el control de la enseñanza, la censura, la obligatoriedad de la religión católica como asignatura y la supresión de las leyes de la República sobre el divorcio matrimonio civil, etc.

El Aislacionismo de España

<u><b>El Aislacionismo de España</b></u>

    

     Una serie de acontecimientos sellaron la incomunicación exterior y la condena general: en 1945, en el momento de la creación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), heredera de la Antigua Sociedad de Naciones, la candidatura de España fue rechazada. En diciembre de 1946, la ONU emitió una resolución que condenaba el régimen de Franco y Proponía que los embajadores acreditados en Madrid abandonaran el país, cosa que hicieron en la mayoría de ellos. La resolución realzaba el carácter fascista del Régimen y su vinculación a la Alemania nazi y a la Italia de Musolinni, su imposición violenta sobre el pueblo español por medio de la guerra, y recomendaba su expulsión de los organismos internacionales.

     Mientras tanto, Franco intentaba cambiar la imagen del Régimen, para hacerla más presentable a los ojos externos, eliminando aquellas cosas que recordaban excesivamente el fascismo: supresión del saludo fascista (brazo en alto); amnistía parcial para los detenidos políticos, todavía muy numerosos a pesar de los años transcurridos desde el final de la Guerra Civil; promulgación del llamado "Fuero de los Españoles", que pretendía ser una declaración de los derechos cívicos, aunque eran limitados que no podían ser homologados con las libertades de cualquier nación democrática. Pero lo más importante para este cambio de imagen fue el nombramiento de un nuevo gobierno, en el que participaron destacados católicos, con el fin de limitar parcialmente el predominio de los falangistas. El Régimen Había contado desde 1936 con el apoyo de un sector muy importante de la Iglesia Católica. La incorporación a las tareas de gobierno de varios políticos católicos fue desiciva para obtener el apoyo del Vaticano, muy valioso en estos años tan dificiles para Franco y su Régimen.

     La reacción ante la condena internacional fue la misma que se repetiría en tantas ocasiones a lo largo de su mandato: movilizar la opinión pública a través de la radio y la prensa -totalmente controladas en una época en que la libertad no existía-, y apelar al patriotismo de los españoles ante la  "Injerencia extranjera". Una manifestación multitudinaria aclamó al Caudillo y rechazó el aislamiento. No obstante, aquellos años (1946 - 1953) fueron los más difíciles para el Régimen.

El Franquismo y la II guerra Mundial

<u><b>El Franquismo y la II guerra Mundial</b></u>

     Durante la entrevista entre Franco y Hitler en Hendaya, 1940, se decidió la neutralidad de España en la Segunda Guerra Mundial

    

    En política exterior, la inclinación del nuevo régimen hacia las potencias del Eje (Alemania e Italia), manifestada durante la contienda civil, se evidenció aún más al acabar ésta: firma de un tratado de amistad cn la Alemania nazi, abandono de la Sociedad de Naciones, adhesión al pacto anti-Komin-tern (acuerdo de los regímenes fascistas contra la Unión Soviética), etc.

     Los primeros años estuvieron marcados por la actitud de España ante la Segunda Guerra Mundial, que había estallado el 1 de septiembre de 1939. Como era lógico, España estuvo al lado de las potencis del Eje, que habían apoyado al ejército vencedor durante la Segunda Guerra Mundial. Las causas de esta neutralidad fueron varias.

     En primer lugar, se necesitaba un largo periodo de paz para que el país se recuperara de las graves pérdidas sufridas durante la Guerra Civil.

     En segundo lugar, Hitler no demostró demasiado interés en la participación española, sobre todo, cuando el gobierno español manifestó las condiciones económicas y militares para su intervención, que Alemania consideró desmesuradas. A partir de entonces, Franco mantuvo una postura de amistad con los nazis y de aplazamiento  de la desición de intervenir, como le indicó directamente a Hitler en la reunión de Hendaya, en octubre de 1940.

     En tercer lugar, la amenaza del bloqueo del tráfico marítimo por parte del Reino Unido, para cortar el suministro de alimentos, y de restricciones en el suministro de petróleo por parte de los Estados Unidos, si España no mantenía la neutralidad.

     A partir de junio de 1941, Franco pudo contentar a los nazis sin perjudicar las relaciones con las potencias occidentales (Reino Unido y Estados Unidos): el ataque alemán a la Unión soviética fue apoyado a los pocos días con el envío de un pequeño ejército voluntario, que participaría en la "guerra contra el comunismo". Fue la Denominada División Azul, nombre procedente del color del uniforme de la Falange Española, el partido de corte fascista creado por Jose Antonio Primo de Rivera. El contingente de tropas fue limitado, unos 18.000 hombres, que permanecieron en la Unión Soviética hasta 1944. No obstante, los aliados occidentales manifestaron su malestar. La diplomacia española intentó tranquilizarlos con la teoría de las dos guerras: una, la del Eje con el mundo occidental, en la que el gobierno español mantenía su neutralidad, y otra la lucha contra el comunismo, en la que no podía ser neutral.

     A partir de 1943, y coincidiendo con la caída de Mussolini, Franco retornó a una nuetralidad más estricta, que se puso de manifiesto, por un lado, en el retorno de la División Azul y, por otro, en la aceptación de una serie de condiciones solicitadas por los Aliados, que suponían un conjunto de límites a las relaciones con Alemania. El "Caudillo", nombre que había adoptado Franco a imitación de el "Duce" (Musolinni) o el "Führer" (Hitler), multiplicó las declaraciones acerca de su posición de neutralidad, viendo cercano el desenlace desfavorable para Alemania.

     Sin embargo, este viraje de última hora no iba a evitar lo que fue siempre el auténtico problema del Régimen: la carencia de legitimidad democrática. Sobre todo, en una Europa occidental que, en 1945, había derrotado a las dictaduras fascistas, consolidando sistemas políticos basados en el liberalismo y el pluralismo ideológico.

Años de Aislamiento y Pobreza (1939 - 1953)

<u><b>Años de Aislamiento y Pobreza</u> (1939 - 1953)</b>

    

     Entre el final de la Guerra Civil y 1951, España atravesó un periodo relativamente dificil. El País salía de una conflagración interna con grandes heridas: unas materiales, fruto de la guerra (industria paralizada, medios de transporte y ciudades destruidas, parte de la población desplazada), otras morales (exilio de centenares de miles de republicanos huidos al extranjero por temor a las represalias, detención de sospechosos, ejecuciones, eliminación de las libertades públicas, etc.).

     Es imposible superar la figura del general Franco de su régimen, el franquismo. Su personalidad se convirtió  en el eje vertebrador del sistema político. En sentido estricto, no se le puede definir como un hombre de ideas políticas, sino, más bien, como un pragmático que fue adaptando su política a las necesidades de cada momento.

     Es evidente que tenía unos principios básicos en los que creía firmemente y a los que permaneció fiel a lo largo de sus años de gobierno: su concepto de patria, religión y orden. No aceptaba el prularismo de ideas y detestaba la democracia y los partidos políticos. Bajo su régimen, los ciudadanos no podían elegir representantes y el desempeño de cualquier cargo exigía la aceptación de los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional y la adhesión a la persona de Franco.

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     El 14 de mayo de 1939 el gobierno se vio obligado a establecer el racionamiento de los alimentos ante la escasez reinante. Duraría hasta 1952. La cartilla de racionamiento daba derecho a recibir los alimentos semanalmente. En los primeros años eran fundamentalmente boniatos, bacalao, garbanzos, aceite y azucar. De vez en cuando se añadía jabón, café, chocolate y membrillo. Pocas veces carne, huevos o leche, productos que se compraban en el mercado negro. El pan (200 gramos por persona y día) solía ser de centeno.

 

 

El Franquismo (Cronología)

<u><b>El Franquismo (Cronología)</b></u>

1940. Entrevista de Hitler y Franco en Hendaya con motivo de la Guerra Mundial.

1495. Ley de Referéndum Nacional.

1946. Aislamiento diplomático.

1947. Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado.

1950. Primer acuerdo hispanoamericano y retorno de embajadores a Madrid

1953. Ingreso de España en la UNESCO.

1953. Concordato con la Santa Sede.

1955. Ingreso de España en la ONU.

1956. Independencia del Protectorado de Marruecos.

1958. Ley de Principios del Movimiento Nacional.

1959. Plan de estabilización para orientar la economía ante la subida de precios.

1963. Plan de desarrollo que fija los objetivos económicos.

1968. Independencia de Guinea.

1969. Nombramiento del príncipe Juan Carlos como sucesor a la Jefatura del Estado, a título de Rey.

1973. El Presidente del gobierno, almirante Carrero Blanco, es asesinado.

1975. Muerte del general Franco y ocupación de la Jefatura de Estado por Juan Carlos I.